Bienvenidos a este blog dedicado a todos los moredanos, su objetivo principal es entretener a cuantos lo lean, refrescar la memoria a los que vivieron esta época, a los que añoran su tierra porque viven lejos y a nuestros nietos y jóvenes que no conocen como era la vida aquí antiguamente.

Cualquiera que se anime puede colaborar y ponerse en contacto con nosotros a través de nuestro correo electrónico moreda.mipueblo@gmail.com

Cuentos e historias reales

Me contaba mi madre que antiguamente como no había otra forma de pasar las veladas se contaban cuentos e historias sentados en la lumbre, aquí algunos de los que recuerdo, hay que decir que la mayoría no son cuentos sino hechos reales como este que paso a relataros, lo vamos a titular:

EL TONTO DE LAS GACHAS

Cuentan que había en Moreda un joven que tenía novia en un pueblo cercano, la muchacha invitó al novio a su casa a comer para que conociera a sus padres, el novio muy contento le contaba a su madre la visita que iba a realizar a casa de su novia para que le preparara un atillo de ropa límpia. Otro hermano, José, que vivíva en la casa y era por decirlo de alguna manera “simplón”, se empeñó en acompañar a su hermano a casa de la novia, y le decía:
- Chacho, yo quiero ir contigo “a ca” tu novia.
- No hombre, tu no puedes venir, que a ti no te han invitao.
- Si chacho, yo voy contigo.
Tanto insistió el hermano que la madre medió en el asunto:
- Venga hombre, llévatelo y así vas más acompañao.
Y así fue como el novio accedió a que lo acompañara. Ivan ya de camino y el novio le iba haciendo cargos al hermano de como tenía que comportarse para no quedar malamente delante de sus suegros.
- Mira no quiero que comas mucho en la casa de mi novia, que tu eres mu tragón, cuando yo te pise el pie por debajo de la mesa dejas de comer.
- Si chacho, no te preocupes.
Llegaron y todos muy contentos la madre de la novia preparó gachas para cenar.
No hacen más que sentarse a la mesa y empezar a comer cuando José a la segunda cucharada siente que le pisan el pie, de momento suelta la cuchara y dice que ya no quiere más, todos lo animan a que continue comiendo la madre de la novia le pregunta si es que no le gustan las gachas, el hermano también le dice que siga comiendo, pero el dice que ya no puede más y los demás continuan cenando.
Cuando ya están todos acostaos José no podía dormirse y le dice al hernamo.
- Chaco, yo tengo mucha hambre.
- Hombre, pero si no has comio na.
- Como me pisastes el pie.
- No hombre, yo no te pisé el pie.
- ¿Entonces quien?.
- Sería el gato que estaba debajo de la mesa.
- Mira José lo que vas a hacer, en el corral, en un cántaro “mocho” ha echao la madre de mi novia las gachas que han sobrao, vas y te traes un pelote y ya de camino me traes a mi otro, que yo también tengo hambre.
El muchacho va al corral y mete las dos manos en el cántaro, coge dos pelotes de gachas y no podía sacar las manos del cántaro, aburrío, ve en la otra punta del corral un bulto negro que le parece una piedra y piensa darle un golpe al cántaro para sacar las manos. Da con el cántaro un golpe y el bulto negro resultó ser la abuela de la novia que estaba haciendo sus necesidades en el corral y empezó a dar voces y los despertó a todos.
El muchacho corriendo se fue al cuarto y le contó al hermano lo que le había hecho.
- Chacho, chacho, que he medio matao a la abuela de tu novia.
- Pero hombre, ¿como has hecho eso, y ahora que hacemos?.
Asustados los dos por si habían matado a la abuela, anudaron las sábanas y se descolgaron por la ventana.
Huyeron y no volvieron más por allí.

LAS TRES HERMANAS ENVIDIOSAS

Había una vez en un pueblo tres hermanas modistas, solteras y muy guapas. Vivían en una casa que hacía esquina y en el cantón los mozos acostumbraban pararse a charlar. Se aproximaban las fiestas del pueblo, tenían mucho trabajo y les daban altas horas de la madrugada cosiendo.

Para pasar el rato ellas tenían esta conversación.

- Anda que si en estas fiestas nos saliese novio a las tres, decía una de ellas.
- A mí me gustaría que me pretendiera el cocinero del Rey decía la mayor, para que me hiciera buenas comidas.
- A mí me gustaría que me pretendiera el pastelero real, decía la mediana, para comer buenos pasteles.
- Pues yo me casaría con el hijo del Rey, dijo la menor suspirando.

Un grupo de mozuelos que estaban en el cantón negros de risa escuchando lo que decían, hicieron llegar los deseos de las hermanas a la casa del rey. El cocinero, el pastelero y el mismo príncipe con mucha curiosidad por conocer a estas costureras acudieron a la plaza el día de la fiesta y las sacaron a bailar, ellos iban a pasar el rato pero como las hermanas eran tan guapas se enamoraron y se casaron con ellas.

Se fueron a vivir a palacio y dejaron su trabajo de modistas. Las dos hermanas mayores empezaron a tenerle envidia a la menor que con el hijo del Rey vivía mucho mejor que ellas. La envidia aumentó cuando la menor de las hermanas se quedó en cinta antes que ellas.
Cuando dio a luz las hermanas mayores la asistieron en el parto, con mucho cuidado, tiraron al niño que nació y le presentaron al hijo del Rey un perrillo en una bandeja de plata diciéndole que era su hijo. El príncipe quedó muy disgustado pero como estaba muy enamorado de su mujer no dio publicidad al suceso y dejó pasar el tiempo.

Nuevamente quedó en cinta la menor de las hermanas y a la hora del nacimiento las hermanas la asisten y hacen la misma operación con el niño y le llevan al padre un perrillo. Esta vez no tuvieron tanta precaución y el hijo del rey escuchó los llantos del niño en la habitación y no fiándose de las hermanas de su mujer silencio el asunto por que apreciaba mucho a su cocinero y a su pastelero.

Por tercera vez quedó en cinta la menor y mandó el hijo del Rey una partera para que asistiera el parto, nació un niño muy hermoso, se lo presentaron en una bandeja de plata y cuando lo vio mandó apresar a las hermanas de su mujer, hizo que todo el pueblo pasara delante de ellas y les escupiera en la cara por haber sido tan envidiosas y malas con su hermana. LAS HERMANAS QUE NO HABLABAN Contaban las abuelas que había en un pueblo una casa en la que vivían tres hermanas en edad casadera y que nadie las había oído hablar, los muchachos las rondaban pero no se atrevían a decirles nada porque la madre siempre estaba en la casa y era la que allí hablaba. Un día un muchacho interesado en ellas quiso saber que era lo que pasaba en la casa y acechó hasta que vio a la madre salir y entonces tocó en la puerta sabiéndolas solas. Ellas abrieron la puerta y se reían pero no hablaban, entonces el les pidió agua. Una de ellas le dio un vaso con agua y el muchacho a cosa echa lo dejó caer al suelo para ver si ellas decían algo. Una se asustó al golpe y dijo sin querer: Ay, se quebbó. La otra al ver que la hermana había hablado dice: no te dijo madde que no habbaras. Y la otra dice: Aunque se quebbara. Así quedaron en evidencia, no hablaban porque tenían media lengua.

No hay comentarios:

Publicar un comentario